En busca de agua inteligente con inteligencia artificial

Los sensores, la inteligencia artificial y el ‘big data’ ya están empezando a usarse para optimizar la gestión y distribución de los recursos hídricos del planeta. En 2025, estas tecnologías podrían ahorrar a las empresas millones de pesos y reducir las fugas de agua hasta en un 50%. 

“Hay agua suficiente como para satisfacer las crecientes necesidades del mundo, pero no si no cambiamos radicalmente el modo en que se usa, se maneja y se comparte”. La UNESCO tiene claro que en cuestión de agua, el problema es la gestión, y que su escasez se debe a “una crisis de gobernanza”. Así que si el planeta dispone de agua suficiente para todos, es imprescindible buscar herramientas que optimicen su uso y gestión. Una de ellas la ofrece la tecnología, cuyos avances en campos como el big data y la inteligencia artificial pueden ayudar a convertir el agua en un recurso inteligente y conectado que pueda monitorizarse de forma precisa en tiempo real.

Eso es justo lo que persigue el proyecto WatERP para el suministro público. Financiado por la Comisión Europea (CE), esta iniciativa se autodefine como el lugar “donde la demanda se encuentra con la oferta”. Se trata de una plataforma web de estándares abiertos para la gestión de los recursos hídricos a lo largo de todo el ciclo: suministro, tratamiento, recogida, etcétera. Para ello, integra diferentes fuentes de datos, tanto históricos como en tiempo real, en un sistema que ayuda a la toma de decisiones. En otras palabras, el proyecto ha preparado una especie de lenguaje común de forma que diferentes sistemas y datos puedan “hablar”.

La información aglutinada en la plataforma incluye datos procedentes del centro de suministro, la ubicación y horario de las plantas de tratamiento, información meteorológica e incluso legal. Esta combinación permite elaborar simulaciones para prevenir el futuro. “[Ante un situación nueva, el sistema selecciona la] situación anterior más apropiada gracias a algoritmos de aprendizaje de máquinas”, explicaron los miembros del proyecto en la undécima conferencia internacional de hidroinformática en Nueva York (EEUU). De este modo, “las situaciones pasadas se adaptan a la nueva gracias a la interpolación de los datos anteriores a partir de un caso de la base de datos, el cual se transforma en una serie de recomendaciones”.

Se trata de un gran avance para el sector hídrico, sobre todo si se tiene en cuenta que es “una industria mucho más conservadora que otras infraestructuras urbanas”. El CEO de Libelium, David Gascón, detalla que “las empresas que abastecen de agua una ciudad saben cuánto entra y cuánto sale”, así que el problema está en que no están haciendo “un análisis detallado”, por lo que “hay mucha información que no se está usando”.

Gascón también critica que la gestión actual del agua suele basarse en datos globales, cuando lo que se necesita es “más información local”. Y para ello hay que medir, “no en tres puntos del río, como se hacía antes, sino en 300”, explica. Para conseguir más datos, más precisos y detallados, la empresa de Gascón está especializada en el desarrollo de sensores que recogen y envían los datos necesarios para aplicar técnicas de inteligencia artificial que los interpreten de forma automática.

Sus sensores ya se han incorporado a algunos de los proyectos como  un sistema de riego inteligente en Barcelona (España) con el que, aseguran, el Ayuntamiento ha reducido el coste del agua un 25%. La información ofrecida por el sistema le permite activar el riego solo cuando la tierra lo necesita y se puede controlar en remoto.

Una start up estadounidense utiliza imágenes de satélites para elaborar un registro actualizado del agua disponible en el planeta. Otra empresa combina diferentes datos (desde estadísticas del Gobierno hasta imágenes de satélites) para facilitar la toma de decisiones agrícolas con predicciones más acertadas, incluida el agua.

El entusiasmo por el agua inteligente también se deja ver en las estimaciones de consultoras como el McKinsey Global Institute. Según un estudio publicado en 2015, en 2025 el uso de sensores para detectar pérdidas de electricidad y agua supondrá a las empresas un ahorro cercano a los 63.000 millones de euros y reducirá hasta en un 50% las fugas de agua.

Con todos estos avances, ¿sería posible gestionar los recursos hídricos de toda una ciudad de forma inteligente? Gascón opina que tecnológicamente la cuestión está “solventadísima”. El problema, considera, “es que las entidades públicas tienen sus nichos acotados y es muy difícil hacer una gestión integral de la ciudad“. No obstante también es consciente del coste que supondría plagar una ciudad con sensores, por lo que hacer realidad esta idea necesitaría “sensores muchísimo más baratos en todos lados”.

En las conclusiones elaboradas por el clúster Ict4Water también apuntan al freno que supone la industria. Según escriben, “las compañías de agua son reacias a incorporar una nueva tecnología porque no se ha probado en redes de suministro reales“. “Los investigadores tampoco pueden probar sus proyectos en redes de distribución reales porque las compañías no pueden arriesgarse con tecnología sin contrastar”, señalan. Así que para que el agua del futuro se gestione de forma más inteligente, los gobiernos y las compañías responsables también deberán tomar decisiones inteligentes.

Fuente: https://www.technologyreview.es

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